Columna: LA LIBRETA DE JACK

Por Jacobo Gregorio Ruiz Mondragón*

Ojalá que este año, sea como un viaje en autobús, con aire acondicionado, buena música y mejor compañía, disfrutando los paisajes por la ventana, con la esperanza de que algo mejor vendrá en la siguiente curva, y si encontramos tráfico, que tengamos la suerte de que suba el señor de las botanas, porque al final lo que importa no es llegar rápido, sino disfrutar el viaje.
Habrá quienes suban con una maleta llena de planes, y algunos, con una bolsita de papel o plástico, y en su interior, un sueño; otros, quizá suban sin nada, confiando en que la vida o las circunstancias les irá dando lo que necesitan, pero ojalá todos, obtengamos lo que buscamos, anhelamos, soñamos o esperamos.
A veces el trayecto será suave, otras, el pavimento será irregular, porque la carretera no siempre es autopista, pero eso sí, en la próxima parada, debemos soltar lo que ya fue y recibir con gratitud lo que sube a bordo, porque eso significará que estamos vivos, despiertos y en movimiento.
Deseo que las conversaciones sean amenas y divertidas y aunque no cambien el mundo alegren el alma. Que esos pequeños momentos sean los que nos sostengan en el tiempo y cuando lleguemos a la terminal, y tengamos que bajar, lo hagamos con la sonrisa de quien sabe que el trayecto fue más importante que el destino.
Obviamente, aun siendo el mismo autobús, habrá quien observe un panorama distinto, pero no olvidemos que existe la posibilidad de cambiar de asiento. Aprendamos a viajar ligero, a agradecer cada paisaje, y a confiar en que, mientras el autobús siga avanzando, la historia se está escribiendo.
Lógicamente, al bajar del autobús, debemos caminar para llegar al destino, pero seguro estoy, que cada paso, será breve y cómodo, como si tuviéremos puestos nuestros tenis favoritos, pues el año no es sólo el destino, sino todo lo que ocurre entre una estación y otra, ya sea en autobús o caminando.
Eso es el año nuevo: un viaje que no se pausa, que seguirá su ruta, con o sin nosotros, un trayecto que avanza aunque cerremos los ojos. Y quizá lo único verdaderamente nuestro, sea la forma en que ocupamos el asiento, la mirada que elegimos para el paisaje y la manera en que sostenemos lo que amamos, mientras transcurrió la aventura del traslado.
Dejemos de vivir pensando en el futuro, cuando la vida ocurre en el vaivén silencioso del trayecto, pues al final, no somos los mismos que subimos, sino otros distintos al bajar; no viajamos para escapar de la vida, sino para que la vida no se nos escape.
Ese autobús, inició su viaje y seguirá su camino, la cuestión no es a dónde vamos sino cómo elegimos vivir mientras el viaje sucede, pues es el tiempo que se desliza por la ventana mientras aprendemos «a veces pronto, a veces tarde», que cada instante era parte del recorrido.
¡Bienvenido 2026!
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