Columna: SENTIR TIENE SENTIDO
Por Susana Martínez Herrera*
Todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos preguntado si existe la pareja perfecta o la “media naranja”. Las mujeres sueñan con su príncipe azul y los hombres con la mujer ideal. Hay quienes insisten que sí existe “tu otra mitad” y quienes comentan que eso es una “bobada”, que no hay “otra mitad” y que el amor tampoco existe.
La psicología tiene respuestas y argumentos al respecto. Así que si deseas descubrir si tu pareja es tu media naranja o cómo encontrarla continúa leyendo.

Para comprender la complejidad de la vida en pareja, debemos iniciar con la comprensión de la vida individual. Todas las personas nos formamos a partir de los mismos principios y los mismos elementos, lo que cambia es tan sólo el contexto y las circunstancias. Es decir, la base de nuestra personalidad es el modo en que interactuamos con nuestra familia de origen.
Así por ejemplo, un varón aprende a relacionarse con las mujeres a partir del modo en que se relaciona con su mamá y, en caso de tenerlas, con sus hermanas; aprende a relacionarse con los hombres a partir del modo en que se relaciona con su padre y, en caso de tenerlos, con sus hermanos. Y una mujer aprende a relacionarse con los varones y las mujeres del mismo modo, a partir de la relación que tuvo con sus padres y hermanos.
¿Cómo puedes darte cuenta, si el tipo de relación que has mantenido con tu padre del género opuesto determina en gran medida el modo en que te relacionarás con tu pareja? En tu pareja buscarás lo que te agradaba de tu padre o madre, o lo que siempre quisiste tener y que no tuviste; además de que tratarás de evitar (lo logres o no) lo que nunca toleraste. Por ejemplo, si tuviste un padre protector y eso te hacía sentir bien, buscarás como media naranja una pareja protectora. Si tuviste una madre afectuosa y atenta, buscarás como media naranja una pareja con esas características. Si tuviste un padre indiferente, tratarás de estar con una pareja que no lo sea.

Hasta aquí todo parece claro y sencillo, sin embargo, la psicología nos ayuda a entender que cuando existen traumas no superados o cuando la percepción del sujeto no es realista y objetiva, la búsqueda de esa media naranja se realiza de modo inadecuado y dañino.
Esto significa que si la relación con tus padres no fue positiva, o estuvo impregnada de violencia, abandono, sobreprotección, desprecio e indiferencia, la búsqueda de tu pareja y el modo en que te relaciones con ella serán perjudiciales en diferentes grados.
Además, la psicología nos ayuda a corregir el término “media naranja” y coloca en su lugar el término “compatibilidad”. La psicología considera al amor como parte importante del ser humano y establece que las personas más sanas, psicológicamente hablando, son las que pueden relacionarse positivamente con los demás y especialmente con la pareja. Se quita el término media naranja porque refiere a algo incompleto y la psicología argumenta que una relación es sana y positiva cuando ambas personas están “completas” aún con la ausencia del otro, pero no habla de un estado completo que lleva a la soledad. Habla sobre la autoestima y la independencia. Es decir, no “necesitas” a la otra persona para “ser” y para “hacer”. En cambio, decides estar con alguien para compartir lo que eres y realizar proyectos en común sin dañarse o privarse mutuamente.

Siguiendo lo anterior, podemos concretar que, desde la psicología, sí existe tu media naranja, pero en sentido de compatibilidad y plenitud compartida. No obstante, cabe señalar que esa media naranja no es una persona específica y única en el mundo; más bien se refiere a todas aquellas personas con las que puedes hallar compatibilidad de modo sano. En este sentido, y para este escrito, dejaremos el término de media naranja como sinónimo de compatibilidad sin referirnos a alguien que necesitas para estar completo.
Ya que aclaramos que sí puedes hallar a tu “media naranja”, vamos a ver de qué modo puedes hacerlo; aquí unos pequeños consejos.
- Sana “completamente” la relación con tus padres. Y no busques una pareja que asuma el rol de papá o mamá (o que sean una réplica de ellos).
- Identifica los “huecos” emocionales con los que has crecido; es decir, revisa aquello que te hace falta.
- Llena esos “huecos” por ti mismo. Si necesitas atención, atiéndete; si necesitas comprensión, compréndete; si necesitas escuchar, óyete; si necesitas amor, ámate.
- Identifica tus excesos y carencias. Si eres impaciente, aprende a ser paciente; si eres impulsivo, aprende a controlar impulsos; si eres agresivo, aprende modos pacíficos de interactuar con los demás; si no sabes mostrar afecto, ensaya hasta que lo logres; si no sabes expresar lo que piensas o sientes, inténtalo hasta que puedas hacerlo.
- Conoce tus gustos, preferencias y límites. Por ejemplo, si odias el olor a tabaco un fumador o fumadora no es buena opción para ti; si amas bailar, alguien que no mueve ni los ojos tampoco será buena opción.
- Elabora una lista de prioridades de mayor a menor importancia. Es decir, qué es lo que más valoras o deseas en una pareja. Y establece aquello que no podrías pasar por alto o que no serías capaz de tolerar en una pareja.
- Reconoce que el ideal de pareja es inalcanzable; y considera que la mejor pareja es la que más se acerca al ideal que has establecido.
- Revisa “con mucho cuidado” el tipo de ideal que has establecido –no existen personas perfectas.
- No establezcas relaciones tan sólo por temor a la soledad o para “olvidar” a otro amor.
- Considera que una relación implica esfuerzo mutuo y que nada es “mágico”.

Y, sobre todo, ten presente que. si estás en busca de una pareja, o ya la tienes, significa que ya no eres niño, eres adulto y como tal debes pensar y actuar.

*Psicóloga Clínica
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