Columna: LA LIBRETA DE JACK
Por: Jacobo Gregorio Ruiz Mondragón*
La vida y la muerte no son elementos opuestos, sino reflejos: la vida es la pregunta, la muerte es la respuesta que llega en silencio, en un paso más en el viaje del alma. Desde otra perspectiva, la vida es un tapiz de flores efímeras; la muerte, el viento que recoge los pétalos caídos para sembrarlos en otro plano. No hay tumbas cerradas, sino puertas entreabiertas, sombras que caminan junto a la vida, no para asustarla, sino para recordarle su valor.  

Cada año, cuando octubre se despide y noviembre nos abraza, México se transforma en puente entre dos mundos, en una celebración que desafía la lógica del adiós y transforma la ausencia en presencia. Es el suspiro del tiempo que nos permite mirar atrás sin miedo, y adelante sin olvido; pues «la muerte no es el final sino otra forma de mirar la vida desde la eternidad», como decía Rosario Castellanos.  

Desde la antigüedad, existe la creencia de que las mariposas, monarcas o blancas, son mensajeras de lo eterno, lo invisible y lo sagrado; almas que regresan desde otro lado del tiempo, en esa línea invisible entre el ayer y el ahora, para decirnos: «sigo contigo», porque las almas como las mariposas, siempre encuentran el camino de regreso a casa.  

Nos enseñan que todo en la naturaleza tiene un ciclo. Primero son orugas, luego, se recogen dentro de su crisálida, y en ese aparente desenlace, comienzan su metamorfosis, y al emerger, extienden sus alas y vuelan libres. Lo mismo ocurre con el ser humano; nace, crece, muere... se transforma, e igual que la mariposa, no desaparece, emprende un vuelo distinto, más alto y eterno. 

En esas mariposas, el color blanco simboliza la pureza del alma que ha trascendido; mientras el naranja, evoca el fuego del sol y la vida que sigue fluyendo. Ambas, son pensamientos alados que cruzan el umbral del mundo visible, llevando en su vuelo, plegarias que el viento acaricia para abrir senderos entre la eternidad y la tierra, dejando el mensaje de que el alma no se desvanece, se disfraza de recuerdo… y a veces, se presenta en forma de mariposa, la cual vuelve cada año, para regresar al corazón de quien anhela su retorno. 

Si en la filosofía de Amado Nervo, «la muerte es sólo un sueño, y el alma, una mariposa que despierta en otro cielo»; entonces, la vida y la muerte, son dos alas que dejan constancia de que la muerte no apaga la esencia sólo la transforma. De ahí que, si en estos días esperan a alguien, que una mariposa, monarca o blanca, termine su vuelo sobre su hombro, a manera de un abrazo que no se ve pero se siente.  

El Día de Muertos, refleja «los muchos Méxicos que existen», en el que convergen diversas formas de entender la vida y la muerte, y es precisamente, ese caleidoscopio de incienso, cempasúchil, gastronomía y creencias, el que no sólo honra a nuestros muertos, sino que hace de esta época del año, un mes mágico, en el que si la «flaca» tuviera Facebook le daría un like a noviembre.  
CONTACTO FB: https://web.facebook.com/Jacko.ruiz.mondragon

Tendencias