MÉXICO, ENTRE EL MAÍZ Y LA COMIDA PROCESADA: 16 DE OCTUBRE DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN
Columna: PARA LA COMUNIDAD
Por: Fernanda Ileana Cueto Flores*
Cada 16 de octubre se conmemora el “Día Mundial de la Alimentación" una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas de la Agricultura y la Alimentación (FAO) para recordar que comer no solo es una necesidad, sino un acto que refleja nuestra cultura, nuestra economía y nuestro compromiso con la vida.
El 16 de octubre de 1945, 42 países se reunieron en Quebec, Canadá, para crear la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Su objetivo fue liberar a la humanidad del hambre y la malnutrición, además de gestionar de forma más eficaz los sistemas alimentarios del mundo. Desde entonces, este organismo ha liderado esfuerzos internacionales para erradicar el hambre, promover dietas saludables y fortalecer la seguridad alimentaria global.
En México, donde nuestras raíces gastronomicas son tan profundas como diversas, esta conmemoración nos invita a reflexionar sobre cómo hemos transformado la manera en que nos alimentamos. Cambiamos el aroma del maíz por el empaque plastificado, la tortilla doblada por la bolsa de frituras, este día invita a mirar más allá del plato y preguntarnos: ¿qué está pasando con la manera en que nos alimentamos?.
Durante años, nuestra comida fue símbolo de identidad y parte de la historia; el maíz, el frijol, el chile y el nopal eran más que ingredientes, eran herencia, comunidad y equilibrio con nuestra salud; cada receta tenía un recuerdo y un aroma que nos recordaba quiénes éramos y de dónde veníamos. Sin embargo, ahora muchos de esos sabores están siendo desplazados por productos procesados que, aunque prácticos, nos alejan de nuestras tradiciones y de la salud.
Mientras en algunos hogares la comida se tira, en otros el hambre se siente a diario, la realidad es drástica, vivimos en un país rico en maíz, frutas y tradiciones culinarias, pero empobrecido por la desigualdad y la comida chatarra que esta en nuestras mesas, los alimentos caseros están cediendo su lugar a productos procesados, llenos de azúcares, grasas y aditivos, esta situación transforma la vida cotidiana de los mexicanos, en las calles las frutas se sustituyen por refrescos, los guisos caseros por botanas empaquetadas, y la hora de comer por la prisa
México dejo de ser el país del maíz, el chile y el cacao para convertirse en el país de la obesidad infantil y la diabetes, esto no se trata únicamente de elecciones personales, sino de una ideología que prioriza lo industrial sobre lo natural. Comer bien a veces parece ser un privilegio reservado para pocos, cuando debería ser un derecho garantizado para todos.
Este cambio de hábitos que enfrenta nuestro país tiene una doble problemática, por un lado esta la crisis alimentaria y por otro lado se encuentra la desigualdad social que vive cada mexicano, mientras millones de personas sufren esta inseguridad alimentaria, otros padecen obesidad, diabetes e hipertensión. Ambas realidades nacen de una misma razón: un sistema que prioriza el consumo rápido sobre la nutrición y que ha desplazado nuestras costumbres gastronómicas, es por eso que comer bien, hoy, parece un lujo.
Sin embargo, aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo de nuestra salud, recuperar la alimentación tradicional se convierte en salud pública y soberanía cultural. Apostar por lo local, lo natural y lo hecho en casa es resistir frente a una industria que generaliza los sabores y enferma los cuerpos. Revalorar nuestras recetas y productos no solo nutre el cuerpo, sino también la memoria colectiva de nuestro país.
Porque no basta con hablar del problema, hay que actuar desde nuestros municipios y calles. Para quienes quieren empezar a cuidarse y reconectar con pasos reales, preparé una lista con recomendaciones sencillas que podemos implementar:
Consume productos locales y frescos: apoyar a los productores del municipio impulsa la economía y garantiza alimentos más naturales.
Reduce los ultraprocesados: tu cuerpo agradecerá los ingredientes reales, no los de laboratorio. Si al leer los ingredientes tu lengua tropieza con los nombres, es señal de que ese producto no debería estar en tu despensa.
Equilibra tus platillos: menos sal, azúcar y grasas; más color, fibra y nutrientes.
Cocina en casa: compartir una comida hecha con tus propias manos fortalece los lazos familiares y mejora tu bienestar.
Elige agua natural: el hábito más simple y más poderoso para tu salud.
Estas recomendaciones no son reglas ni dietas rígidas, sino invitaciones prácticas para reconstruir nuestra relación con la comida, con el cuerpo y con nuestra cultura. Porque comer bien no debería ser complicado, ni un lujo reservado para unos cuantos. Se trata de dar pasos pequeños hacia nuestra salud, eligiendo lo natural, cocinando con amor, y recordando que cada alimento tiene historia y propósito.
Sin embargo, no tienes que hacer este cambio alimenticio por tu cuenta. En el municipio, contamos con un espacio que refleja el compromiso de la comunidad con la salud y el bienestar de los atlacomulquenses. El Instituto Municipal de la Juventud de Atlacomulco se ha convertido en un aliado fundamental para promover una vida más sana, consciente y equilibrada. Con un compromiso genuino hacia la población, el Instituto ofrece atención nutricional gratuita, brindando orientación profesional a todas las personas que deseen mejorar sus hábitos alimenticios, cuidar su cuerpo y fortalecer su salud.
El servicio está disponible de lunes a viernes, de 9:00 de la mañana a 6:00 de la tarde, en sus instalaciones ubicadas en Libramiento Jorge Jiménez Cantú, colonia Las Fuentes, donde especialistas en nutrición te orientarán con cercanía y empatía. Además, puedes agendar tu cita llamando al 712 122 6291 o al 729 482 6348, para recibir acompañamiento personalizado sin costo alguno.
Este tipo de programas nos recuerdan que el bienestar comienza desde lo local, desde nuestras decisiones, en tiempos donde la prisa y la comida procesada dominan la rutina, Atlacomulco demuestra que la salud y la prevención sí pueden ser una prioridad.
Por eso, en este Día Mundial de la Alimentación, conectemos lo global con lo local. Que la conmemoración de la FAO no quede solo en palabras, sino que se transforme en acciones concretas, en mesas llenas de color, en jóvenes más sanos y en familias más unidas. Recordemos que lo que comemos revela qué tipo de comunidad queremos construir una que se cuide, que se alimente con conciencia y que siembre desde hoy un futuro más saludable.