Siempre que se presenta una lesión se ven efectos en algunas capacidades para realizar las actividades de la vida diaria como son: bañarse, vestirse, alimentarse; también puede verse alterada en diferente medida: la comunicación, la función sensorial (ver, oír); la actividad física, la eficacia al realizar tareas del hogar, el sueño y aquellas que definen la funcionalidad en el individuo.
Cuando gozamos de una buena salud, no pensamos sobre la posibilidad de depender de alguien para realizar nuestras actividades cotidianas, nos consideramos autónomos con la capacidad de realizar tareas múltiples y de diferentes aspectos.
Por lo anterior, cuando se tiene alguna discapacidad, en la gran mayoría se necesita del apoyo de algún cuidador para desenvolverse en el medio que lo rodea; es decir se vuelve una persona dependiente.
Esta dependencia puede variar por el grado, el tipo de lesión y las secuelas que genere la discapacidad; variando de unas personas a otras.
Pueden existir situaciones en que el nivel de dependencia es muy bajo o en las que la custodia (ayuda constante y de cuidado delicado) es durante todo el día y toda la noche.
Si en nuestro entorno coincidimos con una persona con discapacidad debemos tener conciencia de que debemos motivar su independencia, muchas veces con nuestras actitudes propiciamos las limitaciones.
Somos seres que debemos estar en armonía biopsicosocial por lo cual la importancia de mantener un bienestar integral; promoviendo la inclusión total a la sociedad.
Existen casos es que padeciendo la misma discapacidad la forma en la que se desarrollan en el medio es muy distinta, influyendo algunos factores psicológicos y socio ambientales para que algunos actúen por debajo de su capacidad real.
Una parte de la incapacidad se debe al padecimiento físico, pero otra parte se atribuye al entorno, es decir a las actitudes y conductas de las personas cercanas, que pueden favorecer la dependencia o la autonomía.
Para promover la independencia en la discapacidad en los diferentes aspectos podemos realizar lo siguiente:
Medio físico:
Eliminar barreras arquitectónicas
Adecuar ayudas de acuerdo a la lesión de la persona
Realizar modificaciones al entorno físico para facilitar la higiene personal y tareas diarias
Adaptar espacios para que la movilidad o traslados sean sin obstáculos
Medio social:
A veces el cuidado y la ayuda pueden favorecer o prevenir la dependencia.
Evitar sobreayuda
Conocer las cosas de las que son capaces de realizar y aunque sea de forma lenta pero permitir que lo realice
Permitir explorar habilidades en algunas tareas básicas
Servir de guía en traslados
Evitar el reproche cuando la persona desea realizar cosas
Reconocer los esfuerzos de autonomía
Mantener buena comunicación, mirando y hablando directamente con la persona
Ser claro al hablar y escuchar con atención
Tener paciencia
No mover la silla de ruedas, las muletas u otra ayuda de movilidad fuera del alcance de la persona que los usa
Despejar los espacios destinados para el acceso de equipo de traslados
Facilitar su relación con otras personas
Recordando que todos podríamos presentar una limitación, debemos ponernos a pensar cómo nos gustaría que nos trataran, es decir mostrar empatía y tener respeto por la discapacidad.
Todos merecemos el mismo respeto sin importar las condiciones físicas, debemos integrarnos a la sociedad y ocupar una posición en el mundo que nos rodea.
Seamos naturales y sencillos en nuestra manera de tratar a la persona con discapacidad, aumentando la participación en la vida y no disminuyendo el valor de uno como persona.