Por Gabriel Escalante Fat*
“Antes de embarcarse
en un viaje de venganza,
cave dos tumbas”.
Confucio.
“¡No vengan a El Oro!”, parece gritar la presidenta municipal de El Oro, cuando, arbitrariamente y basada en ridículas “denuncias anónimas” despoja de la operación del restaurante El Vagón Express a sus concesionarios por más de 22 años, Vanessa Alcántara y Emilio Bringas, quienes convirtieron esa buena idea en un atractivo turístico prioritario, alrededor del cual se desarrollaron otros negocios gastronómicos.

“¡No vengan a El Oro!”, les escupió en la cara Juana Elizabeth Díaz Peñaloza a docenas de equipos deportivos, a quienes negó la posibilidad de competir en el Torneo Mexiquense de Basquetbol porque, por sus pistolas, cerró la Unidad Deportiva en donde se llevaría a cabo, suprimiendo la posibilidad de una buena derrama económica en el municipio.
“¡No vengan a El Oro!”, les dice Ely Peñaloza a cientos de turistas que desean visitar el Socavón San Juan, una de las pocas minas turísticas del país, testigo de la Historia de nuestro pueblo, y que ella mantiene cerrado sin explicación alguna.

“¡No los quiero en El Oro!”, les demuestra Juana Elizabeth a algunos artesanos que venden sus mercancías en una de las salas del Teatro Juárez, porque sus preferencias políticas no coinciden con las de ella, tan cuatrotera, tan delfinista, tan morenista como la conveniencia le dicta.
“¡No me importa El Oro!”, vocea a los cuatro vientos La Texcocana —alcaldesa de mi pueblo— cuando destruye y modifica impunemente el patrimonio arquitectónico del municipio, como el Palacio Municipal y el antiguo Cuartel Militar.

“¡Quédense sin cultura en El Oro!”, determina, increíblemente, la profesora que preside el Ejecutivo Municipal, al dejar a la Casa de Cultura Abraham Ángel, totalmente inoperante.
“¡No quiero a El Oro!”, sentencia sin pudor Elizabeth cuando lleva colaboradores de Chicoloapan y Texcoco (con oneroso cargo al erario) a puestos de primera línea en el Ayuntamiento, desplazando a aurenses con capacidad y experiencia para desempeñarlos.
“¡Que se joda El Oro!”, maldice con descaro en cada acción que contraviene el empeño con el que veinte alcaldes —cada quien en la medida de sus capacidades y circunstancias—, lucharon contra corriente para que El Oro no se sumiera en su oscuro destino natural y emergiera como un incipiente polo turístico con nueva vida, más ingresos y nuevos sueños para sus habitantes, en los recientes 60 años. Sí, en esos mismos 60 años en los que Juana Elizabeth Díaz Peñaloza vivió lejos de su tierra natal, sin interesarse o voltear a ver a sus paisanos.
La letra “D” del apellido paterno de la alcaldesa aurense, no honra a Pablo Díaz, su padre; un ser sencillo, hombre de bien, enamorado de su pueblo y de la historia de éste.

La letra “D” del apellido de Juana Elizabeth, va mucho más con conceptos perversos como Desquite, Displicencia, Demagogia, Desorden, Desfachatez, Desastre… y quizás hasta Demencia.
Porque sólo una mente demencial puede llegar a actuar con tal Descaro, con inusitado autoritarismo, con absoluta irreflexión, sin otro objetivo que el de borrar en unos meses —o quizás en menos tiempo— lo que se consiguió en décadas. ¿El pretexto? “Porque ya se terminaron los privilegios del PRIAN”. La misma cantaleta hueca del expresidente y sus paniaguados.
Desde esta, mi banqueta, me sigo devanando los pocos sesos que me quedan operativos, para dilucidar las razones por las cuales la gobernadora Delfina Gómez ordenó mover las fichas en El Oro, donde la 4T ya tenía un candidato natural, con méritos, arraigo y capacidad suficientes para triunfar en la elección, y darle la candidatura a una mujer inexperta y resentida. ¡La receta perfecta para el caos!
Me llegan rumores —viles chismes, quizás— acerca de tortuosas ligas entre la gobernadora y la alcaldesa. Como lo que tal vez son, infundios, me entran por un oído y me salen por el otro. Por un elemental sentido de decencia no reproduciré aquí ni uno solo de ellos. La vida privada de las personas debe quedar dentro de los límites que cada quien decida poner y nadie tiene derecho a husmear en ella.

Lo que critico, lo que me duele, lo que me enfurece, son las acciones públicas que, abusando del cargo que le confirió la ciudadanía de El Oro, realiza día a día esta mujer impresentable.
Van 177 días de esta administración. Faltan largos 917, para que esta pesadilla termine. La luz afuera del socavón está demasiado lejos aun para ser perceptible.
No veo, para ser sincero, un movimiento solidario y decidido para forzar la salida prematura de Díaz Peñaloza, como hace 33 años se consiguió la de Eulogio Carpio. Los aurenses estamos atascados en la queja y la indignación, pero también en una vergonzosa complacencia.
Sin embargo, exhorto a mis paisanos a que volteen hacia atrás y analicen nuestra historia. Nunca la hemos tenido fácil. Más de una vez nuestros antepasados vislumbraron con pesimismo la desaparición del pueblo. Por fortuna, nunca faltaron inconformes que se resistieron a la derrota y aquí estamos. Entre ellos, paradójicamente, Pablo Díaz y Ángela Peñaloza, padres de la presidenta municipal.
Juana Elizabeth Díaz Peñaloza es sólo un cáncer detectado oportunamente. Si no se puede extirpar ahora, habrá que hacer acopio de fuerza para resistirlo por dos años y medio más. Y estoy seguro que —como en los momentos más aciagos— El Oro renacerá una vez más.
Y mientras la alcaldesa continúa vengándose de los ciudadanos de El Oro, que nada le hicieron, éstos deberían considerar la frase de Jorge Luis Borges: “El olvido es la única venganza y el único perdón”. Allí, en un lúgubre rincón de olvido, quedará dentro de unos años, la administración de Elizabeth Díaz Peñaloza.
POST SCRIPTUM.

Después de tres cabildos, en los que se ha intentado la ratificación de Christian Bueno como Cronista Municipal (único candidato que se presentó), quien ha hecho una excelente labor desde hace una década en ese cargo, la presidenta municipal ha decidido nombrar a una “Encargada del Despacho del Cronista”, con tal de continuar con su labor destructiva contra cualquier institución o funcionario que haya servido en regímenes anteriores. ¿Así o más miserable?
Guadalajara, Jalisco, junio 27, 2025.

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