Por Víctor Hugo

Lluvia, un libro y tu recuerdo asomándose por la ventana, vaya combinación de vicios. El olor a café llenó la habitación, una pequeña mesa, dos tasas y una silla vacía, y ahí sigo, frente a la ventana, viendo la lluvia y mi vida pasar, esperando, sólo esperando, aunque hace tiempo no sé qué es lo que espero.
Bebo lentamente el café y el sabor de tus labios… ¿Cuándo vendrás?, ¿Realmente vendrás?, y de ser así, ¿Qué te hará venir?, no lo sé.
La lluvia se niega a irse y el libro impaciente espera que inicie su lectura, ha estado mucho tiempo ahí, igual que yo, esperando a que alguien nos lea, nos muestre interés, nos haga parte de su historia.
Otra taza de café, otro recuerdo, un suspiro más, vaya vida, ésta que llevo desde que prometiste venir y no lo has hecho, quizá nunca vendrás.
Afuera, el perro aúlla de tanta soledad, percibe la nostalgia que hay en el ambiente, ambos moriremos, o de viejos o de soledad, pues al igual que yo, seguimos esperándote. El sol y la luna, pasan una y otra vez, la vida se nos acaba a los dos, y tú cómo siempre, nunca terminas de llegar ni piensas en quedarte.
La lluvia pasó y el café se terminó, ojalá algún día, al igual que la lluvia y el café, también termine nuestra soledad, o bien, inicie la vida de otra forma, en otro espacio, en un plano distinto.
Buenos días, buenas tardes, buenas noches, mañana, mañana será otro día.

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