Por Jacobo Gregorio Ruiz Mondragón*

En la naturaleza, las abejas se rebelan contra su reina cuando perciben que no es adecuada para la colmena, y lo mismo sucede en la máxima casa de estudios, en la que utilizando el simbolismo de las abejas en su escudo institucional, éstas se rebelaron contra su «reina», entendiendo por tal no a las aspirantes a la rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), sino substancialmente a la obsolescencia de la norma que rige el proceso de elección, a través del voto de cada consejero y no de una decisión abierta, en la que la comunidad auriverde tenga voz y voto individual; es decir, el sendero por donde transiten sus determinaciones, en esencia, democratizar a nuestra alma mater.

Metafóricamente, esas abejas han escrito y seguirán escribiendo la historia, como ocurrió en antaño con el Instituto Científico y Literario del Estado de México, y ahora, con la UAEMéx, inicialmente, luchando por la autonomía, y actualmente, por una decisión inclusiva que obedezca a los intereses colectivos de los universitarios y no de los consejeros que en la praxis pueden o no representar a cada unidad académica, centros universitarios o de investigación y facultades.   

Benjamín Disraeli, decía: «los experimentos en política significan revoluciones», pero permanecer quietos demasiado tiempo, también provoca reacciones. Albert Einstein, consideraba que: «la inteligencia se mide por la capacidad de cambiar cuando es necesario», entonces, debe prevalecer la inteligencia en este momento en que el cambio es oportuno.

Sin duda, la propuesta del voto colectivo, tiene que pasar por una reforma a la legislación universitaria, pero sin apartarse del principio de razonabilidad, considerando una base justa, y no fruto de la casualidad, las circunstancias o la arbitrariedad, cuyas libertades o restricciones deben equilibrarse con el interés que se busca proteger.

La voluntad es el primer paso para la solución del conflicto, pues no es la inconformidad sino la capacidad de respuesta lo que marcará el desenlace; no se trata sólo de aplazar una elección, sino replantearla desde su génesis. Se debe buscar un proceso, en el que votar implique elegir no legitimar lo ya decidido por la cúpula del poder, o por intereses ajenos, que persigan un beneficio político alborotando la colmena. El objetivo es claro, cambiar, pero evitar la metáfora de la rebelión en la granja, de George Orwell.

A la publicación de este artículo, concluyó la Administración 2021-2025, a cargo del Dr. Carlos Eduardo Barrera Díaz, en el cargo de Rector, por lo que ante el escenario actual, el Consejo Universitario, optó por la figura administrativa de Encargado del Despacho en la persona de Isidro Rogel Fajardo, y probablemente, la designación de una comisión para el diálogo, bajo la encomienda de atender las demandas que hoy motivan el paro estudiantil, y de las cuales, rechazo todo acto de violencia y vandalización, pero me sumo a la causa que se refiere a la democratización de la universidad, pues de no ser así, sería como decía Octavio Paz: «Democracia sin libertad es mera quimera».

La idea no es convocar a una protesta universitaria sino encontrar la empatía para entender su origen y desarrollo, un llamado a la intervención inmediata del Consejo Universitario, así como a la mediación de la Secretaría General de Gobierno, en la búsqueda de la atención y solución de las demandas estudiantiles, en las que por cierto, está inmerso el Centro Universitario UAEM Atlacomulco. No se puede dejar que el conflicto siga creciendo, la universidad necesita un cambio legal pero también estructural.

Invocando a Horacio Zúñiga Anaya: «¡Instituto, perínclita cumbre donde el alba es faisán de arrebol, con tu enjambre de abejas de lumbre, liba el alma de auroras de sol!».

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