Por Jacobo Gregorio Ruiz Mondragón*

Conocer el pasado, ayuda a entender quiénes somos, cómo llegamos aquí, y en muchos casos hacia dónde nos dirigimos. Se dice que, la historia es la versión de los hechos que la gente decide recordar, o bien, que la historia la escriben los vencedores, pero al menos en esta narrativa, no hay vencedores o vencidos, héroes o villanos, sino una victoria en el tiempo, digna de reconocer, generando un sentido de identidad y pertenencia.
Cierto, la historia se lee, pero en este caso, se saborea y se disfruta en vaso o en cono, barquillos o tostaditas, sólo, en familia o con los amigos, pues no debemos olvidar que hay instantes que se derriten en calma degustando una nieve, evocando recuerdos, construyendo momentos, generando suspiros, dibujando sonrisas.
La nieve, es el verso de un breve poema saboreado antes de concluir una estrofa, cuyos puntos suspensivos simbolizan el último pedacito del «cucurucho», invitándonos a disfrutar del mismo u otro verso, en los que cada quién o cada cuál, puede darle un final o volverse un fan.
Ahora bien, helado y nieve, no son sinónimos. El helado, está hecho a base de leche, crema y azúcar; y la nieve, a base de agua, frutas y azúcar; es decir, la diferencia esencial, es la base de la que está hecha. Cada cucharada, recuerda que en la vida hay momentos efímeros que merecen ser disfrutados antes de disiparse, y la nieve como la vida, también se derrite.
Seguramente, Don José Medrano Mendoza (+) y Doña Francisca Medrano Contreras (+), conocían aquella frase que dice: «Apunta a la luna. Incluso si fallas, aterrizarás entre las estrellas», ellos apuntaron a las estrellas, y con el inigualable sabor de sus nieves, conquistaron Atlacomulco, lograron el objetivo.
Afortunadamente, Doña Emilia Medrano Medrano (+), continuó con la tradición familiar, y aunque hace poco, debió partir para abrir una nueva sucursal de su nevería más allá del firmamento, su legado está a salvo y en buenas manos, con su hijo Roberto Valencia Medrano. No en balde, les fue otorgada la Presea «Lic. Isidro Fabela Alfaro», en la categoría de tradiciones, incluso son marca registrada ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI).
En la retrospectiva del sabor, las «Nieves Medrano» emergieron desde el corazón de Atlacomulco en 1930, convirtiéndose en ícono de su gama gastronómica, actualmente con más de sesenta sabores, y algunos de ellos, «exóticos». De ahí que, pueda decirse: «Si eres conocedor, disfruta de cada sabor, si estás de paso, para que tú visita no sea en vano, prueba una nieve Medrano».   
Guardianes de excepcional tradición, que en cada invención, no sólo satisfacen un antojo o mitigan el calor, reconfortan alma y corazón. Como de costumbre, en la próxima ocasión, pediré una nieve de grosella y maracuyá, anticipándoles mil gracias por su atención.
La idea del artículo no obedece a una conmemoración especial sino al hecho de promover la gastronomía de éste maravilloso terruño, y así, como dice una frase en la red: «No se puede comprar la felicidad, pero sí una nieve, que al final es lo mismo».
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