Por Juan Leyva
¿Quiénes son? ¿Qué pretenden? y lo más enigmático, ¿de dónde sacan fuerzas para conseguir levantar cruces que pesan más de ciento cincuenta kilos?
Sí, ellos son la Hermandad de los Crucíferos y, como cada año, van arrastrando sus penas, por allá; por el rumbo del maestro José María Velasco; allá en Temascalcingo.

Este singular rito se inicia cada Miércoles de Ceniza, justo cuando empieza la cuaresma católica. A partir de ese día, cada miércoles y viernes, puede verse frente a la iglesia de Temascalcingo, la multitud de figuras blancas, grandes y pequeñas; eso no importa. Lo primordial es su fe. Una fe que parece sorprendente en los tiempos actuales.
Y es que a decir del profesor Otón López Rodríguez, quien se desempeña como presidente de la Hermandad de Crucíferos, ni siquiera existen datos que nos lleven a fijar cuándo empieza esta hermosa costumbre.

–La fecha exacta en que empezó esta tradición no la conozco, aunque es alrededor de 1884.
Tampoco sabemos exactamente quién fundó esta Hermandad, sólo lo conocemos por el nombre del padre Marciano. Los registros son muy vagos.
Sin embargo, cada año los Crucíferos mantienen su número y fe, sosteniendo un promedio de trescientas a trecientas cincuenta personas. Pareciera ser como si los límites no existieran al momento de cargar esas cruces verdes adornadas con un moño color morado.

–Para pertenecer a la hermandad– sostiene el profesor López Rodríguez- no existen restricciones, hay jóvenes y adultos. Tenemos una persona de más de sesenta años que está con nosotros, también niños de cinco o seis años, a ellos los dejamos porque son los continuadores de esta tradición.
Pero si bien en este asunto interviene la fe, no podemos olvidar que existen otros factores que también deben tomarse en cuenta. Uno de ellos, que es fundamental, tiene que ver con la integridad física de cada uno de los participantes. Y aunque parece difícil de imaginar, la verdad es que cada uno de los integrantes de esta hermandad, tiene la más absoluta libertad para decidir cuál cruz va a levantar. Sí, todo es acorde al nivel de confianza que tengan en ellos mismos.
Y conocen los riesgos, tal como asevera el profesor José Manuel de la Cruz Rodríguez, miembro de la Hermandad:

– Todo esto lo hacemos sólo por seguir los pasos de Jesús. Entonces tomamos nuestra cruz y lo seguimos. Como creyentes católicos, esta es una forma de desahogar las penas del alma. No importa si nuestra cruz pesa treinta o ciento cincuenta kilos, lo importante es que así nos damos una idea de lo que Él sufrió en el Vía Crucis. Ahora ya traigo a mi hijo, para que vaya iniciándose en esta costumbre. ¿Yo? yo voy a segur aquí hasta que Dios me dé licencia y fuerza.
Realmente, es asombroso el momento en que comienzan a aparecer los Crucíferos, alrededor de las siete de la noche, caminando con pasos muy lentos, agobiados por el tremendo peso que llevan encima y que parece aumentar al sonido de una flauta y tambor que van marcando el relevo de puestos bajo las cruces. Todo ello envuelto en el más estricto silencio por parte de las personas que los ven con admiración.
Es interesante conocer el punto de vista de Octavio Garay Espinosa, joven Crucífero, que empezó a participar desde los diez años de edad.

–Si estoy aquí es por mis tíos. Ellos venían y pues yo los seguía. Ahora cargo una cruz como de cien kilos. Y hay cruces más pesadas, aunque todo depende de cómo te formes, porque los que van hasta adelante son los que cargan más peso. Aunque esto también tiene mucho que ver con los pecados, porque hay cruces que parecen ligeras, pero según las culpas que tengas, así pesa la cruz. Todo depende de la devoción y fe que tengas. Yo estoy aquí por una manda que hice.
Y así siguen los Crucíferos, hasta llegar a su punto culminante el Viernes Santo, cuando transforman Temascalcingo en una pequeña Jerusalén, y repiten el mismo sacrificio que el Hijo del Hombre, un sacrificio maximizado más de trecientas veces. Tantas como cada una de estas blancas y dolientes figuras que esperan el próximo año, para volver a arrastrar sus pies descalzos por estas mismas calles.
*Fotografías archivo Revista d’interés





