Por Gabriel Escalante Fat*
“La gente olvidará lo que dijiste,
olvidará lo que hiciste,
pero nunca olvidará
cómo los hiciste sentir”.
Maya Angelou.
Nadie puede negar que Donald Trump es un patán, un abusador y un mentiroso compulsivo. Con esas tres “cualidades” derrotó sin sobresaltos a una política profesional, honesta y con una gran agenda tanto al interior de su país como en su trato con otras naciones.
Trump se ha burlado de sus opositores, ha expulsado periodistas de sus conferencias de prensa por detalles tan nimios como no llamar “Golfo de América” al Golfo de México, y ha menospreciado al primer ministro canadiense, llamándolo “gobernador”, para reforzar su mal chiste de anexar a Canadá como estado 51 de la Unión Americana.
Ni caso mencionar las incontables ofensas hacia México, tanto a su población como a funcionarios públicos, desde su primer período de gobierno.
Y cuando nadie creía posible que el presidente estadounidense pudiera rebasar sus niveles de vulgaridad, ¡la Bestia Naranja lo logró de nuevo!
El pasado 28 de febrero, Volodímir Zelenski, presidente ucraniano que alcanzó el poder en el momento más complejo posible de la historia de su país, fue recibido en la Casa Blanca para —supuestamente— firmar un acuerdo que garantizaría la paz en Ucrania, a tres años de haber sido injusta y abusivamente invadida por Rusia y su dictador megalómano Vladimir Putin.

Pero esa visita se convirtió en una celada del peor gusto, por parte de su anfitrión. Ya desde el pórtico, Trump recibió a Zelenski con dos comentarios sarcásticos que no venían ni a cuento. Justo después de bajar de la camioneta que lo transportaba, inicia la “bienvenida” de Trump:
DT: Vas muy elegante. (En referencia a la austera vestimenta que usa Zelenski desde que inició la guerra).
VZ: ¿Cómo está, señor Trump? (Mientras le estrecha la mano).
DT: (Dirigiéndose a los periodistas y señalando a Zelenski con el dedo) Se ha vestido muy elegante hoy.
Luego vino un breve intercambio de palabras inaudibles, un muchas gracias de Trump y ambos pasan al interior de la residencia.

En el Despacho Oval, frente a cámaras y micrófonos de los medios favoritos del régimen, estaba también JD Vance, el ultraderechista vicepresidente de los Estados Unidos. En un segundo plano, completaba la emboscada el Secretario de Estado Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos, también de extrema derecha, quien siente un especial desprecio por los migrantes latinoamericanos.
Los primeros minutos de la reunión transcurrieron de manera, digamos, normal. El presidente ucraniano optó por prescindir de un intérprete y bastarse a sí mismo con sus suficientes aunque imperfectos conocimientos del idioma inglés.
Pero los términos del acuerdo a firmar eran demasiado ventajosos para los Estados Unidos: Trump pretendía que Zelenski garantizara el pago de 360 mil millones de dólares que supuestamente los EEUU dieron a Ucrania en calidad de préstamo.
Zelenski, por su parte, afirmó que la cifra es de sólo la tercera parte (120 mil millones) y que fue recibida en calidad de donativo.
Y a partir de allí, todo se torció. El tono de Trump y de Vance escaló a niveles de franca grosería, cuando no de amenaza. Algunas frases memorables que allí se dijeron:

Sin las armas estadounidenses, Ucrania no habría resistido más de dos semanas.
Su pueblo es muy valiente, pero usted hace un trato, o nos salimos. Y si nos salimos, luchará por su cuenta.
Usted no ha sido agradecido con Estados Unidos, y está actuando de manera irrespetuosa (JD Vance)
Tú estás jugando con la Tercera Guerra Mundial.
Tu país no tiene suficientes soldados para continuar la guerra (JD Vance)
Y en medio de esta discusión, el reportero Brian Glenn (casi una versión gringa de El Chapucero o matraqueros similares de la mañanera), increpó a Zelenski, de nuevo en razón de la ropa que usaba:
¿Por qué no lleva traje? Usted ocupa el puesto más alto en el gobierno de su país y se niega a llevar traje. ¿Tiene usted un traje? Muchos estadounidenses tienen problemas con usted por no respetar la dignidad de esta administración.
Zelenski, visiblemente molesto, le respondió:
Usaré traje cuando termine esta guerra. Quizá usaré algo como el suyo, sí. Quizás algo mejor, no lo sé. Quizás algo más barato.
Después de este intercambio, Trump volvió con su sarcasmo:
Me gusta tu ropa. Y, volviéndolo a señalar, dirigiéndose a los demás: Creo que está vestido hermosamente.
Quizá la frase más astuta de Zelenski, fue cuando Trump elevó demasiado su tono de voz. El ucraniano le dijo:

Señor presidente, usted eleva su tono de voz, pero no la lógica de sus argumentos.
Muchas más invectivas se intercambiaron entre los protagonistas del encuentro, siempre los estadounidenses desde una posición de superioridad y una actitud de “perdonavidas”.
Al final de la reunión, Zelenski y su comitiva fueron informados por Rubio, secretario de Estado, que debían abandonar de inmediato la Casa Blanca, dando por cancelados el almuerzo y la conferencia de prensa conjunta, programados para ese día.
Así es Donald Trump, un siniestro personaje que disfruta con la humillación ajena, y cuya frase favorita, durante los años que duró el reality show que él producía era: You’re fired! (¡Estás despedido!). Y con este tipejo pretende negociar, torpemente, el Gobierno Mexicano, sin percatarse de que el presidente de nuestro vecino del norte tiene una fascinación enfermiza por mostrar su poder y su supremacía.
EL CARISMA DE CLINTON.
Bill Clinton, uno de los presidentes más carismáticos que han tenido los Estados Unidos, era conocido por tener siempre un gesto amable con todas las personas con quienes se encontraba.
Su padre adoptivo, Roger Clinton, explicaba esa habilidad del ex presidente, de esta forma:
Si Bill llega de visita a tu casa, en los primeros momentos cargará a tu hijo, besará a tu esposa y acariciará a tu perro… todo al mismo tiempo.
Guadalajara, Jalisco, marzo 06, 2025.
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