Por Jacobo Gregorio Ruiz Mondragón*
Del Libro Cuentos Sin Corbata, de Editorial Libitum «literatura jurídica», comparto con Ustedes, la síntesis del cuento denominado: Los derechos ¿humanos? de Pufu, el extraterrestre, de Walter M. Arellano, cuya esencia versa en relación a un profesor de física, de nombre Manuel, investigador del tema de los agujeros negros y realidades paralelas, que al menos en esta narrativa, se convirtió en protagonista de la historia universal o «galaxial».
Todo sucede, mientras el físico trabajaba en un ensayo de divulgación científica, al tiempo que ocurre un impacto en el jardín de su casa, en el que se encontraba un objeto semejante al «Bean de Chicago». Al indagar qué había sucedido, halló una esfera de material semejante al mercurio. Aún no terminaba de examinar aquel artefacto, cuando de pronto había una multitud de patrullas y policías fuera de su propiedad, por lo que decidió llamar a su amigo el Lic. José, un especialista en materia de derechos humanos, profesor de la facultad de Derecho y asesor legislativo.
Al atestiguar el motivo de la llamada de su amigo, es decir, la presencia de una nave en su domicilio, vislumbró la posibilidad de la exclusividad de tan magno acontecimiento. Mientras el abogado se encargaba de la policía, el físico, buscaba a sus amados gatos: «Marla y Almilcar», pensando en la posibilidad de que la nave extraterrestre podría haberlos abducido. Tal circunstancia, lo hizo entrar a la esfera, y ahí se encontró con un ser de otro planeta, parecido más a una divinidad que a un arquetipo de marciano hollywoodense.
Cada cierto tiempo «tres segundos aproximadamente», «Pufu», como lo había llamado el físico, hacia un sonido semejante al de una inhalación y exhalación que sonaba justo así: «Pufu» -de ahí su nombre-. Parecía no incomodarse con la presencia de un humano en su nave, y efectivamente, en ella estaban sus preciados mininos, simplemente ronroneando. Al escuchar el llamado del abogado, Manuel salió de aquella «burbuja», contándole lo sucedido a su amigo, sin que él estuviera interesado para entrar en ella, pues su atención estaba dirigida en los alcances jurídicos de tan extraña visita, que al poco tiempo ya era noticia en el panorama internacional.
Algunos hablaban de una inminente invasión cuya antesala fue «la gran pandemia del 20», otros, aseguraban que todo era parte de una estrategia contra los recortes al presupuesto científico. Lo cierto es que, cuando «Pufu» salió de su nave, produjo un efecto luminoso bastante curioso y visible que involuntariamente hizo que el gobierno, tuviera motivos para ir por el pequeño marciano, sin embargo, el talentoso abogado no lo permitiría, para lo cual preparaba los argumentos aplicables al caso concreto, mediante una conversación con su estimado amigo, que en la praxis era como aquellas clases de derecho y filosofía en la universidad.
- Manuel, ¿Qué es el ser humano?
Pues un animal racional.
- Exacto, lo que nos distingue de otros seres vivos es la racionalidad.
- Entonces, ¿El alien tiene derechos de ser humano?
Supongo que sí, hasta los animales los tienen.
- Bien, y ¿Qué es «Pufu»?, ¿Un animal o un humano?
Pues un extraterrestre.
- Sí, como «Alf» y «Superman», son seres que no son de este planeta, pero son sujetos de derechos. Si «Pufu» encuadra dentro de esa categoría será más difícil que lo utilicen como objeto de estudio.
- Después de todo, los derechos humanos son universales, SÍ, universales, no terrestres ni galaxiales: ¡UNIVERSALES!
Finalmente, se escuchó un fuerte ruido y la nave desapareció. Lo que sucedió después, de cierta forma podía advertirse, Pepe, fue designado como «Secretario de Asuntos Extraterrestres», contribuyendo a reformar la Constitución, que ahora reconoce los derechos de las «personas no terrestres», y en el plano internacional, coadyuvó a la creación de la «Carta de Los Derechos Humanos y Extraterrestres», de la ahora llamada Organización del Universo Unido (OUU), sucesora de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La casa se convirtió en museo y centro de estudios para la NASA. En cuanto a Manuel, no obstante su prestigio y fama, perdió el interés por la ciencia, en razón de la muerte de su inseparable «Marla», pues no superó la ausencia de «Almilcar», quien acompañó al pequeño marciano en su viaje por el espacio, pero en esencia, al darse cuenta de que somos hormigas tratando de explicar el universo desde nuestro hormiguero, y desde entonces, su objetivo se centró en alcanzar la plenitud, la indescriptible paz y gravedad cero que sintió en aquella «burbuja».
Como dice una frase en la red: «Los extraterrestres podrían ser los arquitectos de nuestra evolución cósmica o los jueces que dicten sentencia, sobre el destino de nuestra especie».
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