Por Víctor Hugo
Fui a la cocina a buscar algo de comida… no había nada, el refrigerador estaba vacío, ¡vaya estupidez!, cómo habría si nadie está en casa más que “Botas” y yo. Ordené mis ideas, busqué las llaves y salí a comprar algo, miré a ambos lados de la calle buscando todo y nada a la vez, a paso lento llegué a la tiendita de la esquina, serán sándwiches pensé y tal vez un par de cervezas sean útiles.
…De regreso a casa, encendí la tv, mientras de aquella bolsa sacaba mi comida, sobre la mesa de centro, un portarretratos ocupaba la mitad del espacio, lo tomé y miré profundamente mientras mis dedos acariciaban los recuerdos provocados por esas memorias llamadas fotografías.
Coloqué mí plato y una lata de cerveza del otro lado de la mesa, le di una generosa mordida al sándwich mientras sostenía con la otra mano el portarretratos, la tv era sólo parte de la decoración de la habitación.
Son mis hijos, le dije a “Botas” quien parecía entender lo que pasaba por mi cabeza y atormentaba mi alma, se acercó ronroneando para luego quedarse junto a mí, tomé el último sándwich el cual mordida a mordida desaparecía de mi mano, tomé la lata cerveza y de igual forma desaparecía en cada trago.
Esta historia continuará…





