Por: Ana Ximena Monroy Martínez*
El aroma a café recién hecho puede inundar el principio de tu mañana e impregnar tu hogar con una súbita oleada de placer que te golpea y te da fuerza para enfrentar el día que ya se cierne sobre ti… ignóralo si quieres o agradece por ello.

En tu ventana hay un pequeño pajarillo que llega veloz y que parece contener en sus alas los primeros y cálidos rayos del sol, al alba, cuando parece que te abrazan. De pronto el pajarillo canta ejecutando una sinfonía de sabiduría y nuevos comienzos. Veloz llega y veloz se va; casi como un suspiro de alivio…date cuenta de ello si quieres o amanece de mal humor.

Se percibe una voz que surca el aire como una flecha pronunciando tu nombre…responde al instante o detente unos instantes a reflexionar porque bien mirado no hay parabién mayor que oír a la persona amada pronunciar tu nombre con esos labios perfectos que se mueven al compás de las vocales y consonantes. Puede que la decepción haya anidado en ti como un cuervo negro y triste pero si contemplas a la persona amada sabrás que existe un pedazo de paraíso para ti y que nadie osará arrebatártelo.
Hay en tu mesa comida caliente; humeante y suculenta que fue preparada con polvos de paciencia y hogar acogedor. Si alguien te cocinó significa que te esperaba y si tú cocinaste tu propia comida significa que te esperabas a ti mismo, que ansiabas el reencuentro con tu propia existencia y que eres el único invitado al banquete donde los pensamientos, recuerdos y silencios se abren paso sin haber sido requeridos. En cualquier caso eres afortunado o afortunada…agradece por tus alimentos o laméntate porque no son de tu agrado, nota el exceso de sal, de azúcar, de calor o frío aunque no te lo recomiendo pues sería una pena que no apreciaras el regalo tan grande que te ha sido dado por añadidura.
Nota la incomodidad si lo deseas o comprende que tu cama es el sitio donde te sentirás más seguro y donde, de hecho, lo estarás. Tal vez fuera, los demonios se peleen por tu alma pero en tu lecho, bajo las mantas sólo el pesado sueño tiene cabida, eso y la satisfacción cálida y reconfortante de un día más que terminaste haciendo lo mejor que pudiste para vivir o sobrevivir incluso.

Tal vez haya un árbol en tu jardín cuya sombra se proyecta apaciblemente sobre las púas verdes que conforman el pasto, una sombra bajo la cual puedes recostarte un caluroso día de verano y pensar que es posible que el gran éxito de la vida consista en haber nacido, en poder disfrutar de las cosas pequeñas y aparentemente insignificantes que aportan la leña para la fogata de la vida.
Cosas grandes y maravillosas pueden acontecerte, aunque es una gran verdad por muy pocos asimilada que estas cosas portentosas no suceden muy a menudo en la inmensa marea de vidas que pueblan la dimensión terrenal.
Puede que sea inútil malgastar porciones del valioso tiempo que se nos ha otorgado persiguiendo estas cosas formidables, pues la decepción y la frustración son extrañas que acechan en las carreteras y querrán pedirte que las lleves en tu auto durante más tiempo del que serás capaz de contar.
En cambio, los pequeños y discretos placeres de la vida estarán ahí para ti, esperando ser notados, aportándote belleza y robándote el aliento si eres lo bastante observador.

Besos a toda prisa, arcoíris que aparecen en medio de las luces y las sombras de un día lluvioso que te recuerdan que tal vez tú te equivoques demasiado, pero la mente maestra jamás…todo en su sitio y todo a su medida como si odiara fallar a la hora de crear su mundo y todo cuanto contiene.
Nubes, niebla, nieve.
Fuego, fiestas, felicidad.
Sonidos, siempres, sombras.
Piensa en grupos de cosas discretas y hermosas que inician con la misma letra, la que tú elijas y recréate con su existencia, nótalas aparecer en tu vida cotidiana y verás que lo más importante ya se nos ha regalado de antiguo, como una espada y una armadura con las cuales enfrentar al dragón del cuento de hadas que es nuestra permanencia en la Tierra.
Nadie viene desprovisto de tales herramientas que son en este caso los pequeños placeres terrenales: corrientes, gratuitos y asequibles en cuyas entrañas se esconde silencioso y tímido el diamante de la felicidad. FELICIDAD con mayúsculas.
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