Por Erik David Velasco García

1

Hoy

Amanece, él despertó sin calcetines, nunca ha podido terminar la noche con los calcetines puestos, aun durmiendo en el suelo de lobbies abandonados, en un colchón de cartones, él sigue quitándose los calcetines para dormir, sin importar el frio. Él fue poeta, él creyó ser poeta, imaginaba musas en senos, cinturas y nalgas, imaginaba amores cuando caminaba entre la gente. Pero ni musas ni amores, los solventes son ahora los que inspiran y la esquizofrenia su poesía.

Algún ayer

Es mediodía, el poeta, drogado de amor y metanfetamina no soportaba la idea que aquella mujer sea la mujer de otro, un mediano hombrecillo convencional, él es el poeta y aquel un terrenal.

Fue a donde ella pasaba las tardes, el café del sótano del edificio de apartamentos que ella habitaba, fue donde su mesa, pidió café.

Desde el momento que entró, la adrenalina lo estimulaba, se sentó frente a ella, no dijo nada, solo le tomó una mano y la llevó afuera, el café se sirvió en una mesa vacía.

No le tomó más de dos minutos llegar al apartamento de ella, dos pasos después de cerrar la puerta, ella ya estaba desnuda y él la besaba con precisión milimétrica, la recostó, la penetró y la asfixió en un solo movimiento, ella no se inmutó, supo su destino desde el momento que vio entrar esos ojos con las pupilas gigantes y esas manos inquietas.

Él se quitó los calcetines y durmió sobre ella.

El hombrecillo convencional, no tardó en llegar, como cualquier hombrecillo convencional enfureció y golpeó al que decía ser poeta, él solo aceptó los golpes, al menos el hombrecillo convencional tardara en darse cuenta que las manos inquietas han hecho más que acariciarla.

Sale el poeta por la puerta con la prisa de alguien drogado de amor y metanfetamina.

2

Lástima

En una parada de autobús se encuentra un hombre esperando a que pase el autobús que lo lleve de vuelta a su casa.

Al subir al autobús, se encuentra con que acaban de asaltar.

Con un poco de incomodidad encuentra lugar a lado de un señor mayor, de unos 60 y tantos años, el cual resguardaba su cartera vacía en su bolsillo izquierdo, voltea a ver a su nuevo compañero de asiento y hace un gesto parecido a una sonrisa.

El hombre que esperaba siente un poco de lástima por aquel señor mayor, pues para él un hombre que tiene que trabajar más allá de los sesenta años es síntoma de una vida que maltrata.

Saca un billete de 50 pesos de su bolsillo y se lo ofrece al señor mayor, el viejo ni siquiera voltea a ver al hombre, toma el billete y lo guarda lenta y cuidadosamente en su cartera que resaca y resguarda en su bolsillo izquierdo.

«Lástima, aquel sentimiento de superioridad que nos hace sentir culpables de la desgracia ajena y responsables para dar caridad», le dice el viejo al hombre.

Un largo e incómodo silencio se hace presente, el hombre no supo qué responder, solo pensó: «Si no quiere mi lástima, regrese mi dinero».

Después de unos tantos minutos el hombre se para de su asiento dispuesto a bajar, el viejo, ni lo mira. El hombre despectivamente dice «De nada» y se baja molesto del autobús.

Camino a su casa desconcertado piensa y repiensa el episodio del autobús, abre la puerta y encuentra a su hermano sentado y cansado a la mesa, con su madre.

Aquel hermano acababa de asaltar aquel autobús, lo hizo con un arma en la mano derecha y un rosario en la izquierda, su madre necesita medicinas, cáncer de pulmón, tantos años trabajando en una fábrica y ni el seguro social le dieron.

Curiosamente aquellos hermanos sin ser gemelos, son claramente parecidos, uno a playera interior blanca el otro en un traje negro, barato y viejo.

Buena Suerte y Buena Vida

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