Por Víctor Hugo

Minutos, horas, días enteros paso dentro de mis pensamientos, tratando de darles forma en palabras que se convierten en renglones y párrafos, los cuales representan lo más profundo de mi psique, todo aquello en lo que pienso, he pensado y dejado de pensar, todo aquello esta impreso en mis letras, en esas eternas palabras que, tan repentinas como la muerte fueron masacradas, despojadas de todo significado e intención, aquellos sueños, esperanzas y pesadillas de mi mente dejaron de ser mías en el momento que todos mis puntos fueron empujados a un abismo oscuro por los tuyos llenando mis hermosos versos de caos e incongruencia, cambiando ese colorido platillo lleno de toda variedad de sabores a un simple puré desabrido.

¿Es que acaso puede uno mover montañas? Cual trabajo de minería arrancando la vida del suelo, tal como la tala sin medida de los bosques, dejas yermos mis pensamientos, me quitas de ellos, me apartas, y tal cual como éstas destructivas actividades, cambias lo valioso de mis palabras a tu favor y cuando lo haces pierden todo su valor, conviertes el oro en piedras para construir tu falsa montaña, en la que sentado en la cima, observarás arrepentido como todo lo que tocas deja de estar vivo.

¿En qué te has convertido? Podrás tener todo tu imperio de tierra, pero no deja de ser tierra, tierra infértil incapaz de mantener la vida, y yo me estoy cansando de arrojar todos esos pensamientos valientes al abismo, todos esos pensamientos que mueren al llegar a tus manos, si yo pudiera empezar de nuevo, lo haría un millón de millas lejos, ahí tal vez pudiera encontrar un camino, ahí tal vez podría mantener mis pensamientos a salvo de esa aterradora saliva que diariamente asecha a mi gente.

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